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Save your skin

La inmunoterapia, radioterapia, quimioterapia y el sol

Los tratamientos oncológicos pueden provocar cambios en la piel, conocidos como efectos secundarios cutáneos. Estos cambios son comunes: 2 de cada 3 pacientes de cáncer con tratamientos desarrollan efectos secundarios cutáneos.

Estos cambios específicos dependen del tratamiento exacto y de la reacción correspondiente del paciente. En respuesta a las terapias contra el cáncer la piel puede resecarse, enrojecerse y volverse irregular. Otros efectos secundarios comunes incluyen la hiperpigmentación (cuando la piel desarrolla manchas marrones irregulares). La mayor parte de los efectos secundarios cutáneos son revocables una vez que se ha terminado el tratamiento.

Es esencial usar productos de cuidado dermocosmético suaves que cuiden la piel frágil en esta época crucial. Uno de los aspectos más importantes de este cuidado en la protección solar.

Los tratamientos contra el cáncer y el sol: ¿Amigos o enemigos?

De manera intuitiva, puede parecer que un día al sol puede ser la manera ideal de relajarnos y pasar un tiempo "al aire libre" para mejorar nuestro bienestar emocional. Pero ten en cuenta que muchos tratamientos contra el cáncer pueden hacer que tu piel sea más sensible al sol. Esto se llama fotosensibilidad.  
Incluso con niveles bajos, la exposición a los rayos UV conlleva el riesgo de quemaduras solares o un empeoramiento de los efectos secundarios cutáneos. La luz solar no está prohibida, pero necesitas ser consciente de los peligros y proteger tu piel debidamente.

Consejos sobre protección solar para pacientes bajo tratamiento contra el cáncer

Desde el principio de tu tratamiento hasta un año después, deberías usar en tu piel un protector solar equilibrado de amplio espectro para combatir los rayos UVA-UVB. Tendrás que utilizar una protección solar con al menos un SPF 50+.

Si has hecho radioterapia, asegúrate de saber exactamente qué área ha sido expuesta ya que toda la zona será muy vulnerable a las quemaduras solares, especialmente durante el primer año después del tratamiento. De la misma forma, las cicatrices quirúrgicas son especialmente sensibles al sol y sufren el riesgo de hiperpigmentarse (volverse más oscuras). Asegúrate de cubrirlas o protegerlas. Además, recuerda que el cristal o las nubes no bloquean los rayos UVA, así que la protección diaria es necesaria, aunque estés en el interior o esté nublado.

Si vas a salir

  • Piensa en tu piel: elige productos de protección solar hipoalergénicos, testados y formulados para personas con la piel más frágil. Encuentra una textura nutritiva, ya que necesitarás aplicar estos productos todos los días.
  • Aplica una buena cantidad: aplica tu protección solar después de la hidratante en todas las zonas expuestas, lo que incluye las orejas, las partes posterior y anterior del cuello, las palmas de las manos y tus pies. Reaplica cada dos horas.
  • La sombra es tu amiga: si te han invitado a un evento al aire libre, comprueba con antelación si habrá sombra disponible o no temas llevar la tuya propia (¡puedes llevar un paraguas!).
  • Vigila el reloj: evita salir entre las 10 de la mañana y las 4 de la tarde, cuando el sol es más fuerte.
  • Cúbrete: lleva ropa protectora hecha de algodón o fibras naturales (camisetas de manga larga y pantalones, etc.) y un sombrero de ala ancha.

Tres zonas olvidadas

Ojos: ¿A quién no le quedan bien unas estilosas gafas de protección frente a los rayos UVA-UVB? Además, el contorno del ojo es una de las zonas de la piel más propensas a desarrollar cáncer de piel, así que protégela con un producto de alta tolerancia antiescozor que no se desplaze. 

Labios: Usa un bálsamo labial con SPF o una protección específica para labios 

Cabeza: Muchos tratamientos contra el cáncer implican la pérdida del cabello. ¡No te arriesgues a quemarte el cuero cabelludo! Las pelucas dan mucho calor al sol, pero un pañuelo puede ser un aliado de protección muy colorido y los sombreros de ala ancha te aseguran algo de sombra. Si tienes el cuero cabelludo expuesto al sol, utiliza protección muy alta contra los rayos UVA-UVB. Una bruma invisible es una textura agradable para esta zona vulnerable de la piel.

*INCA annual report 2015

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